Manhattan Transfer
“Bud, parado en la esquina de Broadway y Franklyn Street, comía cacahuetes que sacaba de un cartucho de papel. Era mediodía y no le quedaba nada de dinero. El tren elevado retumbó sobre su cabeza. Motas de polvo danzaban ante sus ojos en el sol rayado por las traviesas. Preguntándose hacia dónde tirar, deletreaba por tercera vez los nombres de las calles. Un coche negro, reluciente, tirado por dos caballos negros, de ancas lustrosas, dobló la esquina frente a él. Las ruedas rojas, brillantes, al frenar bruscamente, rechinaron contra los guijarros. En el pescante, a l lado del cochero, iba un baúl de cuero amarillo. En la berlina, un hombre de sombrero de hongo hablaba en voz alta a una mujer que llevaba una boa de plumas grises y un sombrero con plumas de avestruz grises también. El hombre se apuntó a la boca con un revólver. Los caballos se encabritaron y se precipitaron en medio del gentío que se formaba. Los policías se abrían paso a codazos. Sacaron al hombre a la acera vomitando sangre, con la cabeza colgando sobre su chaleco a cuadros. La mujer, de pie a su lado, retorcía el boa, y las plumas de su sombrero se bamboleaban en el sol rayado por las traviesas del tren elevado.
-Su mujer se lo llevaba a Europa…El Deutschland sale a las doce. Yo le había dicho adiós para siempre…Salía en el Deutschland a las doce…Él me había dicho adiós para siempre.
-¡Vamos, largo de ahí!
Un guardia le dio a Bud un codazo en el estómago. Las rodillas le temblaban. Salió del grupo y se marchó tembloroso. Maquinalmente peló un cacahuete y se lo llevó a la boca. Mejor será guardar el resto para la noche. Retorció la boca de la bolsa y se la metió en el bolsillo.“
Fragmento de Manhattan Tansfer, de John Dos Passos
Cosas por las que perder la Fe (II)
Un toque quedo en la puerta
2006
Esta noche, tú y yo lo sabemos, esta misma noche descansarás tus cien años. Abandonas el altar de sueños, construido a base de plumas caídas de las agujereadas alas de la ilusión. Recogiste cuantos melancólicos trocitos pudiste reunir en un saco y ahora tienes que abandonarlo y vaciarlo. Tu nuevo lecho está ahora preparado, desde siempre está preparado, esperando, esperándote a ti. Una vez, cuando tuviste elección, escogiste un camino pedregoso y cardado, rendiste culto y cuentas, te lamentaste y fuiste lamentada, un millón de pasos te separaron del sol y tan sólo uno del cielo. Alumbraste vida y la enseñaste a vivir. Por esto, por aquello y por lo de más allá, ya sabes lo que te mereces. Ya tienes lo que deseas, ya no quieres más de lo que tienes.

In my craft or sullen art

In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart.
Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Not for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.
Dylan Thomas
15:30
Sentado en mi escritorio preferido, el único y mejor que tengo, yazco tendido a las pleitesías de la ramera época de la información. Que si los preservativos sidosos del Papa; que si billetes de quinientos volando por el Senado; que si gripe porcina desencadenada por un niño mejicano (salió una jotapegé en el telediario); que si “Sarko” presumiendo de mujer; que si un camionero rumano conduce bailando; que si la última película española de jóvenes desbocados; que si el barsa patatín; que si el madrid patatán…todo siempre la misma mierda, y toda esa mierda que me trago y me interesa lo más mínimo. Rizando el rizo, hasta nos venden publicidad como información: “…quinientos muertos tras el último atentado en Yoquesestán. Devolvemos la conexión… Gracias. Pues más de quinientos, eso sí, espectadores esperamos que tenga la nueva serie que estrenamos esta noche…” Aproximadamente ese es el momento en que los familiares cercanos, a los lejanos no les da tiempo a llegar, se abalanzan sobre mí en un intento desesperado (desesperado porque tarde o temprano lo conseguiré) de mantener la integridad del aparato de TV.Dejando aparte las crueles y, a la vez, injustificadas maneras de muchas televisiones, la situación no es que mejore mucho por este medio (sin ir más lejos…). Para algo de lo poco que me llama la atención como para leer más que el titular, la mayoría de los cuales suele ser engañosos por lo que me dicen (no me paro a comprobarlo porque lo mismo me da), resulta estar redactado por un simio. Y no es una comparación gratuita, que nunca se tome por insulto, ya que ejemplos de un nivel similar de expresión se han encontrado científicos en el reino animal más próximo al hombre genéticamente hablando. Casos como “…el suceso comentado sucedió…” son de lo más light en redacciones de periódicos a los cuales, y lo comprendo perfectamente, ni les viene ni les va. La cosa es que los jodios tienen gracia.
Tanta gracia que la crítica es lo más entretenido de la noticia. Hace no mucho, o hace poco (como quieran), me crucé con un colega de instituto (si, las puertas están abiertas para todos) que me recordó una costumbre que el olvido guardaba celosamente. Por aquel entonces, recuerdo esos dos años con lagrimas en los ojos y frío en los pies, teníamos una profesora de Lengua (que no lenguaje) a la que martirizábamos cada día laborable, y los no laborables los invertiría en tratar de olvidarnos, imagino. Mi compañero de colegueo, un chaval de Éibar con una ligera perturbación mental yo creo (un saludo), le llegó a poner cerca de 500 motes a la pobre señora que, rolliza y sonrosada (sana que se diría en otra época), no daba a basto para mandarle callar. La única ventaja con la que contaba es que estaba medio sorda, así que al menos no se enteraría ni de media; defecto que, por cierto, me garantizaba responder correctamente a todas las preguntas orales con un solo farfulleo: “A ver, tú, dime qué función tiene esta palabra en la oración” a lo que respondía “iugfias” y, ante el asombro y aplauso de los compañeros, me felicitaba el acierto. Al grano. Según me decía este compañero (entre respiro y respiro de una risa melancólica), porque yo no recuerdo nada de nada, me pasaba las horas de lengua con un periódico gratuito, Qué! no mencionaré, subrayando cada errata en la redacción y, lo que es más grave y sonrojante, faltas de ortografía. Al segundo que me lo recordó me vino a la cabeza la imagen de algún que otro periódico, que no recuerdo de dónde sacaba, goteando tinta amarilla fosforita.
Creo, y estoy casi seguro de que no me equivoco, que nunca me han interesado tanto las noticias como la forma en que son embutidas y endosadas. Al final puede que te enteres de que Ratzinger no tiene zorra idea de lo que es un preservativo, pero yo, sinceramente, me quedo con que “Ratzinger, el Papá, asegura que el lates da VHI…”
