Archivo para la categoría "Literatura"
In my craft or sullen art

In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart.
Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Not for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.
Dylan Thomas
C’est fini
Huyes con el viento para refugiarte en tu más tierno interior, custodiado por una pared remachada de clavos al rojo vivo. Un rojo tan llamativo como el de las flores que adornan tu pelo, aquellas que se enredaban en el mío entre marañas de incomprensible conformidad. Entran en juego universos enteros, planetarios adolescentes de juegos virtuosos, y las estrellas, ¡oh! las estrellas, son simples testigos de lo que ronda y es rondado, de lo que es puro y lo que es pecado. Y así me muevo y permanezco sentado, alegre y a la vez jodidamente resignado. Alegre por tener la certeza de que resignarme es lo mejor que puedo hacer, y resignado porque es lo único que en este mundo me deja tranquilo, la resignación. No hay que pensar, no hay que interactuar, no hay que sentir; nada de eso, solamente hay que estar cansado, permanecer inerte.
FUGA
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Al ver por dónde huyes Que si tu fuga fuera |
No hacia dentro de ti, No hacia dentro de ti, Manuel Altolaguirre |
Y ahora, dentro de este sentimiento mal expresado (muy mal expresado), mando esto a donde mejor pueda estar. Quise terminar haciendo lo que me he acostumbrado a hacer en las últimas entradas: un trozo de poesía, un poco de música y alguna imagen. Ahí tenéis un poeta del que me he propuesto aprender, Manuel Altolaguirre, me gustaría recomendároslo pero he leido muy poco de momento (feliz en mi ignorancia porque me queda mucho por aprender). Sin embargo, que haya leído tan poco y me haya gustado tanto es un hecho revelador. La canción me lleva tiempo rondando la cabeza, y lo cierto es que me parece una buena canción y un potente desahogo. La canta Ryan Adams y el nombre, el nombre supongo que le saquéis por el estribillo, es bastante explícito. En cuanto a la imagen, ¿para qué comentar la imagen?

C’est fini
Dejadme pasar, hombrecillos de los cuernos…
En este mundo sucio Bob “el gato” no deja de hacer ruido mientras barre el suelo con su escoba de duras cerdas. El polvo que levanta no me deja respirar y me escuece los ojos. Por qué no pararás Bob “el gato”, hace ya tiempo que esto está sucio y la gente se ha acostumbrado a pisar el barro seco; no haces más que empeorar las cosas. No está solo Bob “el gato”, ha encontrado unos amigos amarillentos empeñados en hollar y cavar la tierra con un mecánico quejido. ¡Déjalo ya Bob!…!BOOOB!. Bob “el gato” no me oye, está ocupado con su ruidoso trabajo.
Hace tiempo desistí de ser escuchado por Bob “el gato”.Hay gente que no escucha, pero al menos él tiene excusa. Aun con excusa, piérdete Bob. Aun con excusa le oigo barrer, ¡¡sigue barriendo el muy ladino!!.¿Lo ves Bob? ahora estoy en la entrada de lo que carece de puertas.Lo has tenido tanto tiempo en frente…y aun no sé qué hago hablándote.Idiota, seguro que no has levantado la cabeza ni por un momento en tu azarosa existencia.
Allí esconden todos los animales robados, el trabajo de tantos pobres diablos pace en los calveros y claros. El color de las amapolas, el olor de las amapolas, el alma de las amapolas mana del mismo suelo como de un manantial. Las campanas de cristal suenan llenas del licor, del licor que nos da la vida y complace nuestros caprichos.Los pájaros robados teclean frenéticos los árboles con sus picos afilados. Y Bob “el gato” sigue barriendo a mis espaldas. Dejadme pasar, hombrecillos de los cuernos…
Poema Doble del Lago Eden
Federico García Lorca
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Era mi voz antigua ¡Ay voz antigua de mi amor, Estás aquí bebiendo mi sangre, Déjame pasar la puerta Yo sé el uso más secreto |
Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina, Esos perros marinos se persiguen Quiero llorar porque me da la gana Quiero llorar diciendo mi nombre, No, no, yo no pregunto, yo deseo, Así hablaba yo. |
En este puto lugar no hay literatura
Estás enamorado, pero es una putada, porque en este lugar no hay amor. No hay problemas como esos, tu corazón muere en tu puño, pero las señoronas te piden que no ensucies la calle. Ellas resbalan y sus cabezas contra el cemento golpean huecamente, “¿ves? chaval, ya te lo advertí: aquí no puedes estar enamorado”. Te limitas a morir con el corazón en el puño y un reguero de sangre rodeando tu petrificada figura; pero tranquilo, tampoco puedes morir. Te recogerán y te volverán a implantar ese maldito corazón, está vez se asegurarán de ponerle candado. Nada de enamorarse de nuevo, no en este lugar; tendrás que presentarte ante el médico de cabecera cada 2 semanas. Este funcionario se asegurará de que no está roto el sello. Pero, ¿¡cómo coño va a estar roto!? en este puto lugar no hay literatura. ¡¡Pues a tomar por saco!! que venga el jefe del lugar, el que corta el bacalao, el que tiene todo los mandos, el que se rasca el culo y eructa palabras sin sentido…¡¡que vengan todos!!, que delante de todos diré:
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea,
resumiendo,
estoy jodido
y radiante
quizás más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Verdes son las promesas
¿Recuerdas aquello de que hablamos? La sensación tan extraña, tan íntima, tan ajena, tan extraordinaria, tan común…”Pero, ¿no te lo puedes imaginar?” me preguntaste, pero yo soy incapaz. Verdaderamente incapaz, excepto ese día en ese preciso momento. Te prometí enseñarte el origen de esa sensación, hela aquí. Verdes son las promesas, y una vez cumplidas, ¿de qué color serán?
La Fuente (Ingres)
Sobre la fuente había piedra limpia.
Limpia el agua pasaba.
Había sol y campo. Tu serena
carne se ofrecía
caliente al viento hecho gracia.
Pasé yo por tu lado. Enhiesta estabas,
cántaro a la cadera, a regresar.
Pasé yo por tu lado. Fresco niño,
a detenerme iba. Tú alargaste
tu gesto permanente y me dijiste:
Pero, pasa…
Y pasaba, pasaba largamente, prolongando
bajo tu sombra mi estancia.
Cuando ya mi cuerpo estab lejos
y junto a tu sombra el agua.
Vicente Aleixandre

